A través de la vida, sufrimos muchas cicatrices.
Algunas son el resultado de violencia, de abuso, de humillación o de fracaso.
Otras, por mala educación.
A menos que nos recuperemos de esas heridas, las cicatrices nos estropean para siempre y pueden impedirnos el éxito espiritual.
Lo ideal seria recordar que, metaforicamente, somos de arcilla y releer este antiguo poema Tao:
Las marcas en arcilla seca desaparecen,
Sólo cuando la arcilla se ablanda otra vez.
Las cicatrices del yo desaparecen,
Sólo cuando uno se suaviza por dentro.
Hoy puedes ablandar tu corazon de arcilla y dejar que los cambios y todo lo bueno entren en tu vida.
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